Cómo cambió la percepción de las hormonas, y lo que realmente importa.
La historia de la terapia hormonal en menopausia es una de las más interesantes —y también una de las más mal entendidas— de la medicina moderna.
Durante décadas, las hormonas pasaron de ser consideradas casi una “fuente de juventud”, a convertirse en algo que muchas mujeres empezaron a temer. Gran parte de esta percepción cambió abruptamente en 2002, cuando un estudio muy influyente sacudió al mundo médico.
Pero para entender realmente lo que ocurrió, hay que retroceder varias décadas.
La historia moderna de la terapia hormonal inicia en 1934, cuando se aprueba el primer producto estrogénico para tratar síntomas relacionados con la menopausia. Se llamaba Emmenin y se producía a partir de placenta humana. Era muy caro producirlo.
Poco después, en 1941, se desarrolló un nuevo producto mucho más fácil de fabricar: PREMARIN. Su nombre proviene de “PREgnant MARe urINe”, ya que se obtiene de la orina de yeguas preñadas. Este medicamento es una mezcla de estrógenos llamados estrógenos equinos conjugados y durante décadas fue el tratamiento hormonal más utilizado.A partir de ese momento, el uso de estrógenos empezó a expandirse rápidamente.
En 1966 se publicó un libro que tendría una enorme influencia cultural: Feminine Forever de Robert A. Wilson. El libro presentaba la menopausia como una condición causada por una “deficiencia de estrógenos” y proponía que la solución era reemplazarlos de forma continua.
Wilson afirmaba que el estrógeno podía mantener a las mujeres jóvenes (tal cual le dijeron a mi mamá hace algunas décadas), prevenir enfermedades y evitar muchos de los cambios asociados con el envejecimiento.
Años después se supo que el autor había recibido financiamiento de la industria farmacéutica, lo que generó un fuerte debate dentro de la comunidad médica.Sin embargo, el impacto cultural del libro ya era enorme... y durante las décadas siguientes, las prescripciones de terapia hormonal aumentaron de forma masiva.
En 1975 se publicaron estudios en The New England Journal of Medicine que confirmaban lo que muchos médicos empezaron a observar en la práctica clínica: las mujeres que usaban estrógeno solo, tenían mayor riesgo de cáncer endometrial.
La explicación era relativamente simple: El estrógeno estimula el crecimiento del endometrio, el tejido que recubre el interior del útero.
Cuando ese estímulo ocurre sin la presencia de progesterona que lo equilibre, el tejido puede proliferar de forma excesiva, aumentando el riesgo de cambios anormales.
Como respuesta, se empezó a agregar progesterona a los tratamientos hormonales para proteger el útero. Pero, se utilizaron principalmente progestinas, moléculas diseñadas para imitar algunos efectos de la progesterona, pero que no son idénticas a ella. Es decir, no son progesterona.
En 1992 inicia uno de los estudios más grandes jamás realizados sobre terapia hormonal: la Women’s Health Initiative.
El objetivo del estudio era evaluar si la terapia hormonal podía prevenir enfermedades crónicas relacionadas al envejecimiento, como enfermedad cardiovascular, osteoporosis y cáncer.
Durante ese periodo, el uso de hormonas alcanzó niveles históricos. Para el año 2000, Premarin era uno de los medicamentos más recetados en Estados Unidos.
Pero en 2002 ocurrió algo inesperado. Los investigadores decidieron detener una parte del estudio antes de lo previsto porque observaron un aumento en ciertos riesgos, incluyendo cáncer de mama, eventos cardiovasculares y trombosis en el grupo que recibía terapia hormonal combinada.
Los titulares se difundieron rápidamente por todo el mundo. Muchas mujeres suspendieron sus tratamientos de forma abrupta y muchísimos médicos dejaron de prescribir terapia hormonal. La percepción pública cambió casi de un día para otro. Dejando a miles y miles de mujeres sin alternativas.
Con el tiempo, investigadores y sociedades médicas empezaron a analizar los datos del estudio con más detalle.
Y entonces surgieron varios factores importantes que no habían recibido tanta atención en los primeros titulares.
La edad promedio de las mujeres del estudio era de 63 años.
Muchas de ellas llevaban más de una década desde su última menstruación.
Además, una proporción significativa tenía factores de riesgo metabólico, como obesidad, hipertensión o antecedentes cardiovasculares.
En otras palabras, no representaban a mujeres que inician el uso de terapia hormonal en el momento en que aparecen los síntomas de la menopausia (alrededor de los 50 años).
Este análisis llevó al desarrollo de un concepto muy popular en medicina: la llamada “ventana de oportunidad”, que sugiere que el momento en que se inicia la terapia hormonal puede influir en el perfil de riesgo y beneficio. Y sociedades científicas como The Menopause Society (antes North American Menopause Society - NAMS) han incorporado este concepto en sus recomendaciones clínicas.
Sin embargo, hoy hay mucho debate alrededor de "la ventana de oportunidad". Será tema de otro post.
Hoy sabemos que la discusión sobre la terapia hormonal es mucho más compleja de lo que se presenta en titulares o redes sociales.
No se trata simplemente de decir que la terapia hormonal es buena para todas las mujeres, ni que es peligrosa para todas.
El contexto importa. La edad importa.
Pero lo que rara vez se menciona en estas conversaciones y que importa mucho más, es la salud metabólica de la mujer.
La inflamación crónica, la resistencia a la insulina, la calidad del sueño, el estrés fisiológico y el estilo de vida pueden modificar significativamente el terreno biológico sobre el que cualquier intervención médica actúa.
Por eso, los estudios poblacionales nunca pueden sustituir la evaluación individual de cada mujer ni el acompañamiento de un profesional de la salud que entienda su historia clínica completa.
Aquí viene una frase que siempre diré:
En salud, bienestar y nutrición, no hay verdades absolutas. Hay personas.
Y quizá la lección más importante de toda esta historia es algo en lo que siempre insisto -y que muchas mujeres descubren por sí mismas cuando atraviesan esta etapa de la vida-...
La menopausia no crea el problema. Lo revela.
Por eso, antes de pensar en cualquier intervención es prioritario restaurar la salud metabólica.
Porque el terreno fisiológico sobre el que actúan nuestras hormonas siempre será el factor más importante de todos.

Categorías: : reemplazo hormonal
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